Las 10 comidas más aburridas

Llevo algún tiempo escribiendo aquí y creo que aún no había tratado un tema que me gusta bastante: La cocina.
Navegando por internet encontré este blog de cocina, muy interesante, y me choco bastante este post, con el que estoy de acuerdo casi al 100 x 100. Me encanta la descripción de la menestra de bolsa.

10. Manzana asada con guinda encima

La manzana al horno es probablemente el postre más triste que ha existido jamás. La piel se queda acartonada y feúcha, y el interior, blandurrio y como aguachado. En un vano intento de aliviar la desazón que produce, en muchos lugares la adornan con una guinda encima, como el payaso triste que se pone una nariz roja gorda para hacer gracia.

9. Pechuga de pollo a la plancha

Ahora que ya tenemos pollos mutantes que casi no saben a nada, ¿qué hacemos con la parte menos jugosa y más insípida del animal? ¡Pues darle un buen golpazo de plancha para resecarlo todavía más, hombre! Y mejor que no intenten arreglarlo reduciendo el tiempo, porque entonces quedará cruda por dentro y comerás tataki de pollo.
8. Tortitas de arroz inflado
Compuestas íntegramente de aire envuelto en pequeñas celdas de algo parecido al plástico, las tortitas tienen como única función llenar la tripa de las personas que quieren adelgazar. Como sus antepasados los biscotes, estos discos gigantes carecen de calorías, de textura, de olor, de sabor… son la nada hecha alimento. Posible vuelta a la diversión: tirarlas a la basura y comer cualquier otra cosa.

7. Salmón de criadero al vapor

Dentro de todas las posibles cocciones, la que más escalofríos me produce es la de vapor, por ser la que más respeta el sabor metálico y la textura pastosa del salmón de criadero, ése bien barato que sólo se alimenta de piensos fabricados con restos de animales.

6. Menestra congelada de bolsa hervida

Pesadilla hecha realidad de cualquier amante de las verduras, las bolsas de menestra se suelen componer de judías verdes tubulares tipo cable de la luz, zanahorias redondeadas que no existen en la naturaleza, guisantes como balines, alcachofas de hojas de hierro, habas gigantes que sólo verlas ya te entran gases y espárragos venidos de las hambrunas de la China comunista. Hervidas y a palo seco son capaces de producir bostezos y falta de apetito hasta al más tragaldabas.
5.  Apio crudo
Puede que quede muy chic en los bloody maries, pero el apio crudo es un auténtico tostón de hortaliza. Su fuerte sabor posee la capacidad de anular el de cualquier otro ingrediente que le pase cerca. Tampoco me gusta su tacto fibroso en la boca, y tengo la impresión de que las únicas personas que se lo comen con verdadero placer son las modelos famélicas.

4. Macedonia de frutas

Clásico postre que haces cuando no se te ocurre nada bajo la coartada de servir algo “fresquito y ligero”. Su versión más abominable incluye melocotón o piña en almíbar y alcohol en su aliño, con lo que pierde su única virtud: la de ser light.

3. El tofu a secas

Los vegetarianos y los japoneses saben bien que el tofu puede ser una delicadeza si se cocina convenientemente. El problema viene cuando te lo plantan a pelo en una ensalada o flotando en un guiso. Entonces este producto logra lo que parecía imposible: tener menos sabor que el queso de Burgos malo.
2. El maíz de bote
Después de hacer furor en las ensaladas de los setenta y los ochenta, parece que el maíz de bote ha caído en un merecido desuso, al menos en los círculos más finolis. No sé vosotros, pero yo no le encuentro ninguna gracia a estos granos recios, dulzones y de color amarillo eléctrico, y hace tiempo que los he desterrado de mi despensa.

1. La ensalada de lechuga iceberg
Reina indiscutible de todos los platos aburridos que en el mundo han sido, la ensalada de lechuga iceberg es el símbolo de lo que no deberíamos comer. Tan insípida y desagradable como un helado de verdura congelada, se conserva incorrupta durante siglos en la nevera, y es por eso que algunos hosteleros tacaños la adoran. Como le ocurría a mi madre, cuando me sirven este forraje en un restaurante se me despiertan los instintos más salvajes y asesinos. Posible vuelta a la diversión: usar cualquier otro tipo autóctono de lechuga, o en su defecto, comerte un cuaderno que seguro que está más rico.

Yo el tofu (que ni me planteo comprarlo y menos aún comerlo) lo cambíaría por esos preciosos tomates todos igualitos, que los compras en octubre, pruebas el primero y ya no quieres volver a comer más, pero como has comprado tres los dejas en el frigo por si acaso un día… Pasan en casa las navidades, reyes, en febrero lo tocas y dices “pues aún no esta pasado” y otra vez al frigo, hasta que en semana santa te aburres y lo tiras igual que el primer día. ¿Que coño será eso?

¿Os atreveís alguien a añadir comentarios con eso que odiais comer?

Os djo la dirección original del blog:

http://blogs.elpais.com/el-comidista/2011/02/las-10-comidas-mas-aburridas.html#more

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